A la Madre

La mujer a sido elegida para la Santa Predestinación:
¡La de ser Madre!

Ser Madre en realidad de verdad, es un sacerdocio, divino, inefable.
Una Madre merece entera veneración de todos los seres que pueblan el universo.

En la doctrina secreta de Anáhuac, se rinde culto a las mujeres que mueren de parto.
Incuestionablemente ellas son verdaderas mártires.
Se nos han dicho pues, en Náhuatl que ellas van, no al Mictlan, como suponen algunos, sino al Tlalocan, es decir el paraíso de Tláloc, lo merecían porque habían dado su vida por la naturaleza.

Habían muerto en el cumplimiento de ese gran sacrificio, cual es el de ser madres; habían cumplido con su misión.

¡La mujer a nacido para esa Santa predestinación!

Samael Aun Weor