Elementales del Agua

En cierta ocasión llegó a la ciudad una pobre mujer joven en pésima situación económica; se trataba de una muchacha honrada y me solicitó trabajo.

No tuve inconveniente en darle trabajo de sirvienta en casa y resultó ella muy hacendosa; desafortunadamente a los pocos días de trabajar en casa se presentaron una serie de fenómenos psíquicos extraordinarios, que no solamente turbaron a mis familiares, sino también a las gentes de la vecindad.

En presencia de ella los platos se levantaban en el aire para estrellarse contra el piso y convertirse en fragmentos; las mesas, las sillas, danzaban solas y caían piedras dentro de nuestro domicilio.

No resultaba muy agradable para nosotros, el que en los precisos instantes de estar comiendo, cayeran dentro de los alimentos piedras, tierra, etc, etc, etc.

La joven aquella tenía en su mano derecha un anillo misterioso con una inscripción que a la letra decía así: Recuerdo de tu amigo Luzbel.

Lo más interesante es que, aunque aquella mujer estuviese en la desgracia (hablando económicamente) no dejaba de recibir del citado amigo algunas monedas que le alcanzaban para comer; tales dineros venían por el aire y ella las recogía sencillamente.

Contaba la muchacha que su ya citado amigo le decía que vivía en el mar y quería llevársela para el fondo del océano.

Muchas veces hicimos conjuraciones para alejar a su camarada invisible, más este retornaba con más fuerza, volviendo a sus andanzas y las gentes como es natural, no dejaban de alarmarse.

Algunos jóvenes se enamoraban de ella, más cuando intentaban acercarse a su dama, entre llovían piedras sobre ellos y horrorizados huían despavoridos.

Más tarde aquella muchacha se alejó de todos estos contornos de la ciudad. ¿Que se hizo?, no lo sabemos, lo que sí pudimos comprobar es que su tal amigo Luzbel era sencillamente elemental del océano.

No hay duda de que ella tenía mucho de naturaleza elemental, así nos lo decían sus ojos, su mirada, su cuerpo, su forma de ser, etc, etc.

Samael Aun Weor