A la Madre

Parte II

Cuan grande es la dicha que siente la Madre que lleva a su hijo en sus brazos, que lo alimenta con sus pechos, que le brinda su Amor.

Ella, en ese momento, esta haciendo el papel que hace la gran Madre Natura con sus hijos.

Es una verdadera sacerdotisa que merece todo respeto y gran veneración.

La Mujer es capaz de poner un hijo sobre el tapete de la existencia, de decirle ¡Sea!, y es.
La Mujer es capaz de formar a un Napoleón dentro de su vientre, o a un Jesús de Nazaret, o a un Hermes Trismegisto, para luego decirle ¡Existe! y existe, y este pasa a existir a la luz del sol.

Bendita sea la Mujer y los seres que la aman.

Samael Aun Weor.

A la Madre

La mujer a sido elegida para la Santa Predestinación:
¡La de ser Madre!

Ser Madre en realidad de verdad, es un sacerdocio, divino, inefable.
Una Madre merece entera veneración de todos los seres que pueblan el universo.

En la doctrina secreta de Anáhuac, se rinde culto a las mujeres que mueren de parto.
Incuestionablemente ellas son verdaderas mártires.
Se nos han dicho pues, en Náhuatl que ellas van, no al Mictlan, como suponen algunos, sino al Tlalocan, es decir el paraíso de Tláloc, lo merecían porque habían dado su vida por la naturaleza.

Habían muerto en el cumplimiento de ese gran sacrificio, cual es el de ser madres; habían cumplido con su misión.

¡La mujer a nacido para esa Santa predestinación!

Samael Aun Weor